Encontré ejemplos muy curiosos de cómo la publicidad estimula nuestra imaginación, hasta un punto tal de invitarnos a terminar las propias piezas en nuestra mente.
El primer caso es una campaña para Scrabble, en la que se presenta el concepto principal de este juego de mesa de una manera muy original.
Las imágenes captan de modo muy ingenioso la esencia de aquel famoso juego de mesa, en el que los participantes tienen que ordenar letras en un tablero para formar palabras. No se nos muestra el juego en sí, sino la idea. Los creadores del discurso presuponen que ya conocemos las reglas, y nos ofrecen otra manera de concebirlo.


Otro es el caso de Lego, que en la siguiente campaña presenta una idea similar. El concepto es bastante parecido: cómo las distintas combinaciones que realicemos con las piezas estimulan tanto nuestra imaginación. Para promocionar el popular juguete, Lego nos presenta imágenes que, a su vez, funcionan como un juego: el de palabras cruzadas.
Es así como la publicidad puede ofrecernos conceptos tan sólidos de manera tan simple, invitándonos a descifrarlos por nuestra cuenta. Acompañadas de un tono lúdico, las imágenes nos seducen por su minimalismo, por ser tan frescas e ingeniosas. Los juegos presentados no necesitan más que hacer referencia a otros juegos para invitarnos a imaginar.


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