En un mundo cada vez más globalizado en el que el consumidor es cada vez más bombardeado con toda clase de anuncios y estímulos audiovisuales, se hace imperiosa y más complicada de manejar la necesidad de crear una identificación del público con lo que se ofrece, generando imágenes mentales que sirvan de filtros de comprensión en un encuentro con la marca.
Como solución a este problema, en los últimos años se han venido desarrollando estrategias de lo más novedosas, siendo una de las que destaca por su versatilidad y efectividad la creación de un universo mágico en el que todo es posible, diseñado a partir del perfil del consumidor (sus valores, motivaciones y necesidades personales) y para él.
De esta manera, se genera un vínculo de ida y vuelta entre la marca y la sociedad de consumo o un segmento de ella. Sin embargo esta creativa estrategia representa un cuchillo de doble filo y hasta un peligro ya que frecuentemente se cae en el facilismo de darle al consumidor lo que quiere, mimetizándose con su indigencia y no combatiéndola, envileciéndolo cada vez más en este proceso de retroalimentación.
Universos como los de la MTV, que exaltan la estupidez y que lejos de ahuyentar, atraen la atención de millones de niños y jóvenes, y su vertiginoso crecimiento son los que me causan fundada preocupación como diseñador respecto un futuro regresivo en el que la calidad ceda ante la efectividad.
Óscar Madrid
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