Personalmente, la publicidad que más me interesa ―en lo que respecta al componente mágico― es aquella de contenido casi surrealista, que evoca a imágenes de la infancia.
Considero que temáticas como las de los cuentos de hadas ya han sido demasiado tocadas, tanto en la publicidad como en el arte. Ya hay suficientes referencias a la Caperucita Roja, Alicia en el País de las Maravillas, etcétera; e incluso me parece que estos tópicos se utilizan de manera casi forzada, en muchos casos superficial, que no abarca plenamente el tema, sino se basa más bien en cuestiones visuales de gran atractivo y poco contenido. Por ejemplo, en editoriales de moda (como los de Annie Leibovitz para Vogue), en los que la magia es ―considero― pasajera, ya que solo se ancla de los ingredientes visuales, pero no ejerce un impacto tan duradero.
Por otra parte, la publicidad con matices mágicos que más me interesa es aquella que, sin necesidad de hacer referencia a historias, sino más bien a símbolos de la infancia, genera cierto humor o impacto extraño en el espectador.
Uno de estos casos es la campaña de Burn, Burn your mind; en la cual la marca interactúa con su público pidiéndoles que realicen videos tan absurdos y locos como el siguiente. Haciendo uso, únicamente, del símbolo del pato de hule, se hace una referencia a la infancia como la época en la que uno podía realizar toda clase de eventos absurdos; y se ofrece a la bebida Burn como una alternativa para abrir la mente, otra vez, a dicho tipo de diversiones.
Finalmente, otro tipo de publicidad de alto componente surreal y sumamente atractiva es el corto que realizó David Lynch para promocionar su David Lynch Signature Cup Coffee. En este video ni siquiera queda claro si tal café existe, pero ciertamente constituye una suerte de propaganda incluso para sus propias películas, presentando al propio estilo del director como una marca en sí misma.
Claudia Delgado
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