sábado, 10 de septiembre de 2011

Ficción desbaratada en la cultura claustrofílica

Encontré dos ejemplos en los que se venden productos distintos, ofreciendo prácticamente el mismo universo y valores: un entorno privado en el que se cumplen los deseos eróticos.

Miss Dior Cherie - Natalie Portman from Brian Quick on Vimeo.

Considero que estos son buenos ejemplos de aquello que conocemos como cultura claustrofílica, ya que se incita al consumo de bienes de lujo (p. e. joyas, perfumes, etc.) para el disfrute en privado, sin necesidad de generar un contacto con el mundo exterior.

Se crea, entonces, un mundo ficticio en el que dichos artículos traen consigo la realización personal: hombre y mujer obtienen lo que quieren, se saben deseados y bellos, entre otros beneficios. Asimismo, el contacto con la “vida real” no es una condición para alcanzar todo ello.

Por otra parte, los valores de marca se exaltan gracias al tratamiento cinematográfico usado en ambos comerciales. De esta manera, se genera una atmósfera estéticamente muy cuidada que, aunque ficticia, resulta sumamente atractiva.

Y por si fuera poco, también se nos pone a disposición videos con el making of de cada comercial, lo cual me lleva a preguntarme: ¿es que acaso somos tan fáciles de seducir que, incluso sabiendo que se trata de una realidad construida, igual queremos obtener el producto y nos creemos sus supuestos beneficios?



Ante esta interrogante, me parece advertir que la publicidad de hoy se hace a sabiendas de que es ficción, e incluso se presenta abiertamente como tal, porque igual funciona. Así pues, se nos ofrecen estos mini documentales en los que somos testigos del proceso de elaboración de las campañas; lo cual provoca que sucumbamos aún más ante los discursos, en lugar de desconfiar de las ventajas ofrecidas.


Claudia D.

4 comentarios:

  1. Creo que realmente somos así de frágiles, nos pueden vender lo que sea si es que nos lo ofrecen en un envase bonito con una publicidad que nos venda un mundo ideal. Vivimos en una época en lo que todo entra por los ojos y realmente caemos por estos comerciales utópicos. Tal vez es hora en la que nos volvamos más deductivos y dejemos de ser tal ingenuos en cuanto a lo que nos ofrecen, por más que venga en diferentes formas, olores y sabores.

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  2. Añadiendo al comentario de Ximena, estoy de acuerdo, aunque en realidad todo entra por los ojos pues a quien no le gusta comprar algo bonito que le atrae pero también es importante mencionar que los universos de marcas mejores posicionados también persuaden solo por ser, valga la redundancia, de "marca". Un ejemplo claro los clásicos cierra puertas de los centros comerciales más conocidos de la capital. Mucha gente lleva productos en cantidad siendo estos de mala calidad pero la gente lo lleva sólo porque tienen la marca conocida.

    Ernesto Alvarez

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  3. Estoy de acuerdo en que hoy, nos dejamos persuadir mucho por los productos y por el universo que estos nos presentan, pero es interesante ver, como el ser humano se ha acostumbrado a buscar satisfacer hasta por gusto, sus necesidades emocionales con objetos y dejarse seducir tan fácilmente por un empaque bonito y el estatus que representa.

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  4. Efectivamente la publicidad trabaja con la ficción, y es que claro, que manera mejor de cautivar al público con los objetos que más desean, ofreciendo las cosas que uno piensa que nunca va a tener? Esto va de la mano con el tema de la cultura claustrofilica porque, si es que todo se promete de manera tan íncreible, y cómoda, para qué es necesario salir de tus hogares y enfrentar el horrible, preligroso mundo (como se presenta muchas veces)? La ficción logra ofrecernos lo que queremos, nos da fé y crea fidelidad en el público, porque que lindo es creer en todo lo que te dicen!
    Arantxa Gonzalez

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